Publicado el 3 de noviembre, 2017 en Ciudades y regiones
En primer lugar, por participación ciudadana hay que entender la puesta en marcha de procedimientos a través de los cuales la ciudadanía puede expresar su opinión. Lógicamente, será sobre determinadas cuestiones de proximidad que afectan a la cotidianidad de su comunidad, barrio, pueblo, ciudad o territorio.
De unos años a esta parte, los gobiernos municipales han puesto en marcha estos procesos para orientar su acción de gobierno y legitimarse. Por lo tanto, hay un interés en ganar credibilidad y consenso.
En segundo lugar, el debate sobre la participación ciudadana hace años que dura, a menudo acompañado de ciertos recelos. Así, estos recelos se concretan en afirmaciones del tipo «es una moda passajera». Igualmente, habremos oído decir que «siempre participan los mismos» o que «que quien tiene que decidir son los políticos porque por que eso les hemos votado».
Adicionalmente, también se argumenta que la oposición política puede cooptar el proceso o que los grupos de presión locales pueden influir demasiado. Ahora bien, simplemente estos últimos recelos decaen si se aplican herramientas TIC que abren fácilmente la participación a toda la ciudadanía.
Justificación
En cualquier caso, la participación ciudadana es un elemento que ha entrado con fuerza en lo que podríamos llamar la gobernanza de ciudades y territorios. Por lo tanto, parece lógica la consolidación de estos procesos participativos por varias razones:
- Hay que diseñar políticas públicas desde la proximidad y no sólo a partir de:
- Los programas electorales de los partidos ganadores, elaborados a toda prisa por un puñado de militantes locales cuando vienen las elecciones.
- Las intuiciones y conocimiento de los concejales con responsabilidad de gobierno.
- Las influencias de los poderes locales: grupos de ciudadanos bien organizados, empresarios, comerciantes, propietarios de terrenos e inmuebles.
- Las oportunidades generadas por otras instancias de gobierno regional o nacional.
- Hay que incorporar las opiniones de la ciudadanía durante una legislatura de cuatro años. Adicionalmente, orienta las prioridades y la intensidad de la actuación municipales y también permite proponer nuevas políticas públicas desde cero..
Apostamos por la participación ciudadana
Por un lado, cuando los ayuntamientos se plantean acciones vinculadas a la participación ciudadana surgen muchas dudas. Sin embargo, cuando existe la voluntad de ensanchar y profundizar estos procesos lo más normal es que los responsables políticos y los técnicos locales experimenten dificultades. Básicamente, por falta de recursos de dos tipos:
- De tiempo. A menudo aparece una nueva función que hay que asumir, pero no se puede desatender ninguna de las que ya se están ejecutando. En consecuencia, esto supone una nueva carga de trabajo que difícilmente puede ser asumida dentro de una misma jornada laboral. Adicionalmente, existen dificultades a la hora de incorporar nuevo personal para abordar esta materia.
- De conocimiento: para hacer participación ciudadana con garantías hay que saber, y eso requiere un proceso de aprendizaje. Normalmente, es necesario experimentación, conocer otras experiencias y formarse (o asesorarse).
Por otro lado, desde la perspectiva de los técnicos locales hay que reconocer que los recursos son siempre finitos y que, por tanto, casi nunca se inician procesos de participación ciudadana en condiciones óptimas. Habitualmente, falta tiempo, personal, conocimiento o presupuesto. Ahora bien, el personal técnico local y el equipo político también sabe que esto no es ninguna excusa para detenerse.
Tipologías de procesos de participación ciudadana
Ahora bien, ¿cómo se formaliza este proceso de recogida de opiniones para implicar a la comunidad local en el proceso de toma de decisión? Responder implica entrar en las técnicas de participación ciudadana, aquí enumeramos algunas a modo de ejemplo:
- Para empezar, hay que apoyarse en la sociedad civil del territorio. Así, hay que recoger propuestas con el compromiso por parte del gobierno local de incorporar las aportaciones en el diseño de futuras políticas públicas.
- Recogida de propuestas abierta a toda la ciudadanía, a las que hay que asignar un presupuesto durante un periodo determinado de tiempo (anual, bianual, trianual) para atender las acciones propuestas por la ciudadanía. Técnicamente, el proceso es: 1. Recogida de propuestas, 2. Presentación presencial de las propuestas ya estructuradas, 3. Votación presencial y en línea para priorizar y 4. Implementación
- Una variación del anterior procedimiento puede ser que desde el gobierno local se proponga un número limitado de posibles acciones para implementar -con su correspondiente presupuesto comprometido y plazo de ejecución- y que la ciudadanía las priorice. Técnicamente, el proceso es: 1. Presentación de las propuestas estructuradas, 2. Votación presencial y en línea y 3. Implementación
- A continuación, en la elaboración de escenarios de futuro se crea y comparte una cierta idea colectiva sobre el futuro de la ciudad o el territorio. Alternativamente, puede hacerse de manera integral definiendo horizontes o puede hacerse de manera sectorial (educación, medio ambiente, sectores productivos, etc.). Aquí las técnicas pueden ser bastante diversas: elaboración del mapa de actores, identificación de informantes clave, entrevistas, establecimiento de mesas sectoriales de debate, grupos focales, elaboración de planes de acción.
- Igualmente, posibilidad propuestas de actuación concretas a la agenda local, que son asumidas por el gobierno local. Hay que organizar una «Asamblea Abierta» o similar, donde los vecinos y las entidades pueden hacer propuestas. Por lo tanto, es necesario un mecanismo de selección y priorización antes de entrar a la agenda local para ser implementadas.
- Finalmente, los referéndums o consultas ciudadanas orientan o determinan la acción pública en una determinada cuestión del municipio. Normalmente, acostumbran a ser cuestiones de elevado impacto local y de trascendencia. Por lo tanto, van más allá de un mandato de cuatro años: la construcción de un gran equipamiento (un puerto, por ejemplo), la construcción de nuevos viales (por ejemplo, la variante de una carretera), la construcción de equipamientos culturales (por ejemplo, un teatro o un gran centro comercial), etc.

Para concluir, el aprendizaje es que las buenas prácticas incorporan instancias de participación ciudadana de manera permanente en el diseño e implementación de políticas públicas.
En Utrans nos creemos los procesos de participación y apostamos por crear las condiciones óptimas para generar políticas públicas después de preguntar, votar, consultar y priorizar. Y nos encargamos de pasar del papel a la acción.
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