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Publicado el 29 de abril, 2022 en Ciudades y regiones

El desorden global y las ciudades

Por Francesc Quintana
6 minutos de lectura

Los observadores internacionales apuntan a que durante la próxima década se consolidará un escenario de desorden e inestabilidad global, a la vez que el papel de las ciudades se acentuará como proveedoras de inclusión social, de sostenibilidad ambiental y de economías resilientes. ¿Cómo gestionar esta aparente disyuntiva?

La Humanidad está conociendo, a principios del siglo XXI, un conjunto de retos mayúsculos a los que no parece fácil encontrar solución. A la crisis financiera global de 2008 ha seguido, una década más tarde, la crisis económica provocada por la pandemia del Covid-19, que en muchos territorios se ha encabalgado a la anterior afectando gravemente a amplias capas de población. Adicionalmente, el posicionamiento geoestratégico global para asegurar áreas de influencia en la lucha por el control de recursos (energía y materias primas, básicamente) reproduce clarament lógicas de relaciones internacionales que son calcadas en las que ya existían en el siglo XIX. Esta lucha en términos de competencia y de no cooperación trae conflictos crónicos, desplazamientos forzados de población y guerras inesperadas como la de Ucrania, que refuerzan la lógica de desorden global.

Ciudades y metrópolis: ¿factor de orden internacional?

Les ciutats i les àrees metropolitanes són els nous híper territoris on té lloc la conversa global entorn les tendències de desenvolupament local, millora dels sistemes de governança i posicionament estratègic per a la captació dels recursos que seran el motor de l’economia del segle XXI: el coneixement i el talent humà. Més encara, les ciutats són autèntics laboratoris on implementar polítiques públiques i esquemes de col·laboració públicoprivada per avançar en sostenibilitat ambiental, inclusió social i resiliència econòmica.

Ahora bien, la realidad del mundo actual hace evidente que las lógicas del poder global no han cambiado y que controlar el acceso a las fuentes energéticas y a los recursos esenciales son todavía las lógicas dominantes entre los estados. Más aún cuando la Humanidad todavía no ha logrado articular un sistema de gobierno global para el sistema financiero. La transición energética y la transición digital no aceleran. Ésta es la paradoja global a la que se enfrenta la Humanidad a inicios del siglo XXI y que debe reformular el papel de las ciudades y las áreas metropolitanas.

Las funciones esenciales de la ciudad en el nuevo contexto.

En el nivel local, los líderes públicos y privados deben liderar. Aquí, hay una oportunidad que es necesario saber aprovechar. Por tanto, ¿cuáles serían los motores en las ciudades y áreas metropolitanas en tiempos pospandémicos y de desorden global? El profesor Bruce Katz indica cinco:

  1. Captación de recursos públicos y privados para impulsar proyectos transformadores. En este sentido, tanto nos referimos a esquemas de financiación como el EU Next Generation como a la necesidad de levantar inversiones privadas. Siempre es más fácil captar financiación cuando los proyectos están bien definidos.
  2. Activar la función de recualificación profesional de la fuerza de trabajo local, y hacerlo en colaboración con las instituciones locales de formación y con el objetivo de articular hubs de innovación en metodologías formativas y siempre en contacto con las necesidades de los sectores económicos locales, velando también para su clusterización.
  3. Molt vinculat al punt anterior: transformar l’espai urbà -físicament- per facilitar la creació de clústers urbans i metropolitans especialitzats i on hi conflueixin les quatre parts que composen l’anomenada quàdruple hèlix: el sector privat, el sector públic, el sector del coneixement i el sector social i de la ciutadania.
  4. Asegurar la financiación de la innovación. Esto equivale a decir que es necesario fomentar el emprendimiento y las necesidades de financiación de las start ups que surjan en la ciudad. Las redes de business angels deben colaborar, en beneficio propio, con las administraciones locales que, por vocación, acogen las fases iniciales de los proyectos emprendedores o de incubación. Una vez que los proyectos de innovación son viables en el mercado, hay que asumir que la función pública ha terminado.
  5. La transformación institucional es esencial para ganar agilidad y responder a las demandas que, con insistencia, recaen sobre la Administración Pública. La tradicional infra financiación de las administraciones debe dejar de ser un argumento, y las rigideces en las relaciones laborales y en la contratación, también.

¿Quién tiene el control? ¿Quién es responsable?

Es cierto que las administraciones locales, las administraciones más cercanas a la ciudadanía, son también las más accesibles y sobre las que recaen las demandas más directas. Sin embargo, es a nivel nacional donde se toman las decisiones de mayor trascendencia, y es en este nivel de toma de decisión donde entra en juego la influencia de grandes empresas, grupos de presión y de profesionales lobbistas. Como resultado, las responsabilidades se difuminan frente a la ciudadanía y la incertidumbre y la sensación de desorden persiste.

Contra esta realidad innegable, y en un entorno de desorden global, sólo existe una actitud posible por parte de las élites y de los poderes públicos locales que puede transmitir seguridad a la ciudadanía y ayudar a salir del callejón sin salida: liderazgo y proyecto , mientras no llega un sistema de gobernanza global y una erosión del poder judicial que ostentan los dos cientos de estados que componen la geopolítica global. En consecuencia, este contexto otorga a las ciudades y a sus líderes locales un nuevo e insospechado papel de gran trascendencia.

La ciudad emprendedora

La ciudad emprendedora es la que tiene un proyecto y el liderazgo que le permite navegar hasta buen puerto en un océano de incertidumbre y desorden. Las ciudades, áreas metropolitanas y, por ósmosis espacial, las áreas periurbanas y rurales que las conforman son el escenario donde puede tener lugar la experimentación de nuevas soluciones escalables en otros contextos geográficos. Y esto es válido para una gran ciudad en el corazón de un área metropolitana, para una pequeña ciudad suburbana y para una comunidad rural que -por ejemplo- aspire a alimentar a la gran metrópoli. Algunos puntos del recetario para las ciudades y metrópolis de la primera mitad del siglo XXI son:

  • Priorizar proyectos de atracción y fidelización del talento entorno a dos campos aparentemente opuestos: la cultura, la creatividad, las artes y la ingeniería en todas sus vertientes.
  • Con normativas reguladoras se pueden afianzar situaciones deseables, pero difícilmente se va más allá. Es necesaria la emprendeduría, la innovación y la colaboración público-privada.
  • Los y las líderes de la ciudad (tanto del ámbito privado como público) deben ponerse de acuerdo en la forma de diversificar y especializar su base económica. En un contexto de incertidumbre, los monocultivos suponen una debilidad estratégica.
  • Hay que dar todo el apoyo a las personas y entidades que planteen proyectos emprendedores o de innovación, bien sea en el campo de la inclusión social, bien sea en el campo de la industria 4.0. Cualquier iniciativa emprendedora responde a una necesidad social, y debe ser posible que genere una oportunidad de negocio para que sea sostenible.
  • Crear imaginarios colectivos y visiones compartidas mediante relatos que generen entusiasmo y proyecto compartido. La identidad compartida siempre ayuda.
  • Persistir por superar las dificultades para ponerse de acuerdo en algo. Ésta es la única alternativa si se quiere crear valor añadido de larga duración.

Como conclusión, cabe decir que nadie sabe qué pasará en un mundo en desorden, pero hay que evitar al máximo que el resultado final de todo ello sea fruto de cientos de millones de pequeñas decisiones tomadas por consumidores individuales sin incorporar la necesaria mirada colectiva. No hay más alternativa que liderazgo, proyecto y persistencia.

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