Tanto en el pasado mes de mayo como en el mes de junio de 2020 publicamos dos posts sobre el proceso de digitalización que estamos viviendo en nuestra práctica profesional de la consultoría. Nos gusta reflexionar en voz alta y compartir conocimientos y por ello, en este nuevo post, nos proponemos elevar la mirada y hacer una reflexión de mayor alcance sobre la cuestión de la digitalización en el ámbito profesional y, más concretamente, en la consultoría. Podemos ensayar una clasificación del proceso de digitalización vivido en las últimas décadas?

La Fase Cero.

Corresponde a todo lo que ocurría con anterioridad al período de 1990, momento en el que el funcionamiento social era plenamente analógico. Apenas se vislumbraba la posibilidad de contar con ordenadores para el uso personal: todavía no eran una realidad al alcance de los y las consumidores/as. En este momento, sin embargo, los ordenadores personales ya existían y sólo una minoría de ciudadanos podía hacer un uso personal, además de existir aplicaciones en redes internas para empresas e instituciones para su operativa de trabajo. Así, por ejemplo, en algunas universidades del ámbito anglosajón, se podía acceder a una <<sala de ordenadores>> donde los estudiantes podían trabajar con su disquete externo para, básicamente, escribir texto e imprimir documentos.

La Fase Uno.

Comenzó hace veinticinco años aproximadamente, a medida que se consolidaba el acceso y la popularización de los ordenadores y que estos iban siendo más potentes. Estudiar o trabajar <<con ordenador>> empezó a hacerse una necesidad ineludible, al tiempo que también se popularizaban los primeros <<programa >> que hacían los ordenadores realmente útiles, como las hojas de cálculo o los programas de tratamiento de textos. Al mismo tiempo, dos grandes innovaciones acompañaron esta primera fase: el desarrollo de las impresoras (personales, de chorro de tinta, láser, en color …) y la llegada del correo electrónico, que supuso una revolución en las comunicaciones, especialmente en el ámbito laboral.

La Fase Dos.

Corresponde a la fase en la que mayoritariamente nos encontramos ahora. Esta segunda fase está marcada por la llegada y la consolidación de la red, de internet, así como de los buscadores que permiten acceder a su información a través de los ordenadores -ahora ya sí- conectados entre ellos. Es, también, la época de la digitalización aplicada a la telefonía. Así, alrededor de 2003 el teléfono móvil estaba al alcance de la mayoría de consumidores/as y tuvo lugar la pequeña revolución en las comunicaciones que fue el SMS. Pero en el ámbito laboral y personal, esta fase está marcada muy principalmente por el uso masivo del correo electrónico. Son años de digitalización acentuada (por ejemplo, en la aparición de numerosas APPs) y, así, alrededor de 2006-2008 se popularizan los teléfonos móviles conectados a internet. No es necesario detenerse a valorar el enorme impacto social y cultural que han tenido estos dispositivos. Asimismo, el desarrollo de software de gestión se ha extendido a todos los ámbitos de la vida y, actualmente, podemos hacer la declaración de renta desde casa, jugar en línea, operar con nuestra entidad bancaria, consultar los deberes de nuestros hijos o comprar unas entradas desde casa para ir al teatro o comprar un billete de avión. Ahora bien, algunas de las características definitorias de esta Fase Dos también han comenzado a cambiar, precisamente, por la misma aceleración del proceso de digitalización: el paradigma del trabajo presencial, del soporte documental en papel, del correo electrónico o el archivo atomizado de la información que cada organización gestiona, entre otros.

La Fase Tres.

El momento temporal de inicio de la fase en la que nos encontramos es impreciso determinar, pero se caracteriza fundamentalmente por la aparición de múltiples recursos digitales que transforman radicalmente la manera de trabajar de empresas y organizaciones. Por ejemplo, en la eliminación decisiva del uso del papel. O en el asentamiento definitivo del teletrabajo, que ha sido posible gracias a la puesta masiva al mercado de alternativas para mantener reuniones de trabajo a distancia, las ahora ya populares videollamadas. Igualmente, esta fase está definida por la aparición de múltiples recursos digitales de software que apoya el mundo del trabajo y de las organizaciones: mensajería interna, control horario, gestión de proyectos, plataformas para comunidades virtuales, entre otros, que facilitan un trabajo cada vez más autogestionado y flexible. A modo de ejemplo, podemos destacar los recursos digitales de apoyo a la toma colectiva de decisiones, que se han extendido desde el ámbito interno de las organizaciones hasta los procesos públicos de participación ciudadana. Todos estos recursos cambian radicalmente la manera de trabajar, pero hay un recurso que permitirá una nueva vuelta de tuerca en la digitalización y que traerá nuevos cambios en la manera de trabajar: Drive, que abre la etapa de las iniciativas colaborativas reales.

Consultoría y digitalización.

Drive permite una doble función, que supone una novedad para la mayoría de organizaciones: permite la elaboración conjunta y síncrona de documentos y también permite su archivo en la nube, con lo que las organizaciones pueden dejar de almacenar su información en equipos informáticos que se encuentran en sus espacios físicos o en domicilios particulares. Drive permite colaborar al mismo tiempo con otros profesionales o bien con el cliente directamente en aquellas fases del proyecto que sea pertinente, con lo que los intercambios de documentos -por la vía del ya caduco correo electrónico- se puede reducir drásticamente. De esta manera, se gana en productividad y en empatía con el cliente, dos propiedades interesantes para el trabajo del profesional de la consultoría. 

En cualquier caso, el proceso de cambio digital continuo y sostenido que hemos intentado sistematizar en este post indica muy claramente la dirección que el cambio tecnológico está imprimiendo a nuestra profesión: supresión del soporte en papel, teletrabajo, trabajo sincronizado y una mayor interacción y co-creación con los clientes, generadora de confianza.

En U·Trans aprendemos y transferimos nuestro conocimiento y, en el caso de los procesos de digitalización, contamos con la experiencia de haber trabajado con entidades líderes en el país como Barcelona Activa y el Área Metropolitana de Barcelona.

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