En un mundo digital y global como el actual, algunos territorios están mejor posicionados que otros por razón de su conexión a los flujos globales que intercambian conocimiento, innovación, creatividad, capitales, personas, mercancías, bienes y servicios.

Así, a modo de ejemplo, vivir en un lugar bien comunicado por medios de transporte, con una excelente conectividad a internet y telefonía móvil, cercano a centros de investigación o de formación superior, donde se concentre mucha población que demanda servicios de calidad y con una sociedad diversa y tolerante, genera para las personas que allí viven mayores posibilidades de calificarse profesionalmente, acceder a empleos bien valorados, ser emprendedoras y disponer de un alto nivel de calidad de vida. En términos generales, estas condiciones se dan en las áreas metropolitanas. ¿Qué pasa, por tanto, con los territorios que no forman parte de ningún área metropolitana? ¿Están en riesgo de quedarse sin personas que vivan y sin dinamismo? ¿Serán, en pocos años, territorios vacíos?

No se puede vivir del aire

Más allá de los gustos personales -hay quien es más urbanita o más nuevo rural, que le gusta más el mar o más la montaña, vivir en pueblos pequeños o en grandes ciudades-, para poder vivir en un lugar hay que poder ganarse la vida -trabajar en un lugar bastante cercano al lugar de residencia- y tener acceso rápido a servicios de salud, de educación u ocio. ¿Dónde es, por tanto, más factible satisfacer estos requerimientos de disponer de un trabajo y de acceder a servicios básicos de calidad? En las ciudades y áreas metropolitanas, evidentemente: estas son las razones por las que la población opta mayoritariamente por vivir en ellas.

Ante esta realidad imparable, surgen voces de queja y denuncia que reclaman una oportunidad para los territorios que están despoblando, que parece que queden al margen de los grandes flujos globales que antes comentábamos. Pero… ¿a quién quejarse? ¿A quién denunciar? ¿Quién tiene la culpa? Así, se acostumbra a reclamar ante las administraciones públicas responsables que se hagan las inversiones necesarias para revertir esta tendencia.

 

 

Lo que viene de fuera, lo que tenemos dentro

Normalmente, estos territorios que sufren situaciones que objetivamente pueden ser calificadas como de poco ventajosas, quedan atenazados por una dialéctica nociva que no les permite salir del bucle en el que se encuentran: debemos concentrar nuestros esfuerzos en quejarnos dentro y fuera del nuestro territorio para superar un supuesto agravio o, por el contrario, fijamos una estrategia común, local y desde la base para potenciar nuestros recursos ?.

El concepto más avanzado de desarrollo local es aquel que parte de la premisa de que cualquier territorio, sea cual sea su posicionamiento y grado de madurez, siempre tiene algún aspecto de mejora o reto para abordar, al tiempo que cada territorio -urbano, periurbano, metropolitano, rural, de montaña, etc.- siempre cuenta con unos recursos endógenos que pueden potenciarse a través de esquemas de colaboración público-privada.

En este sentido, desde el Servicio de Ocupación de Cataluña se otorgan regularmente subvenciones a los entes locales que lo soliciten para redactar planes estratégicos de desarrollo local y empleo, lo que constituye una magnífica ocasión para fijar una estrategia común que defina, de abajo arriba y entre los actores públicos y privados locales, qué proyectos nos llevarán hacia el horizonte de futuro deseado. El caso de la comarca de La Segarra es un buen ejemplo de la pro actividad de algunos territorios que intentan poner en valor su potencial.

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