Por participación ciudadana entendemos la puesta en marcha de procedimientos a través de los cuales la ciudadanía puede expresar su opinión sobre determinadas cuestiones de proximidad que afectan la cotidianidad de su comunidad, barrio, pueblo, ciudad o territorio.

Desde hace unos años, los gobiernos municipales han puesto en marcha estos procesos para orientar su acción de gobierno y legitimarse, es decir, ganar credibilidad y consenso.

El debate sobre la participación ciudadana viene de hace años, a menudo acompañado de ciertos recelos: que si es una moda pasajera, que si siempre participan los mismos, que quien debe decidir son los políticos porque para que eso les hemos votado, que el oposición política puede cooptar el proceso o que los grupos de presión locales pueden influir, etc.

Ahora bien, simplemente estos últimos recelos decaen si se aplican herramientas TIC que abren fácilmente la participación a toda la ciudadanía.

 

Justificación

En cualquier caso, la participación ciudadana es un elemento que ha entrado con fuerza en lo que podríamos llamar la gobernanza de ciudades y territorios. Parece lógica la consolidación de estos procesos participativos por varias razones:

  • Hay que diseñar políticas públicas desde la proximidad y no sólo a partir de:
    • Los programas electorales de los partidos ganadores, elaborados a toda prisa por un puñado de militantes locales cuando vienen las elecciones.
    • Las intuiciones y conocimiento de los concejales con responsabilidad de gobierno.
    • Las influencias de los poderes locales: grupos de ciudadanos bien organizados, empresarios, comerciantes, propietarios de terrenos e inmuebles.
    • Las oportunidades generadas por otras instancias de gobierno regional o nacional.
  • Incorporar las opiniones de la ciudadanía durante una legislatura -4 años- orienta las prioridades y la intensidad de la actuación municipales, y también permite proponer nuevas políticas públicas desde cero.

 

Apostando por la participación ciudadana

Cuando los ayuntamientos se plantean acciones vinculadas a la participación ciudadana, surgen muchas dudas. Aunque existe la voluntad de ensanchar y profundizar estos procesos, lo más normal es que los responsables políticos y los técnicos locales experimenten dificultades, básicamente por la falta de recursos de dos tipos:

  • De tiempo: aparece una nueva función para implementar, pero evidentemente no se puede desatender ninguna de las que ya se están ejecutando. Esto supone una nueva carga de trabajo que difícilmente puede ser asumida dentro de una misma jornada laboral y existen dificultades en el momento de incorporar nuevo personal para abordar esta materia
  • De conocimiento: para hacer participación ciudadana con garantías hay que saber, y esto requiere un proceso de aprendizaje. Hace falta experimentación, conocer otras experiencias y formarse (o asesorarse).

Desde la perspectiva de los técnicos locales, cabe reconocer que los recursos son siempre finitos y que, por lo tanto, casi nunca se inician procesos de participación ciudadana en condiciones óptimas: falta tiempo, falta personal, falta conocimiento, falta presupuesto. Ahora bien, el personal técnico local y el equipo político también son conscientes de que esto no es ninguna excusa para detenerse.

 

Tipologías de procesos de participación ciudadana

¿Cómo se formaliza este proceso de recogida de opiniones para implicar a la comunidad local en el proceso de toma de decisión? Responder implica entrar en las técnicas de participación ciudadana, aquí enumeramos algunas a modo de ejemplo:

  • Apoyarse en la sociedad civil presente en el territorio para recoger propuestas de cualquier tipo -integrales o sectoriales- con el compromiso por parte del gobierno local de incorporar las aportaciones en el diseño de futuras políticas públicas: reformas del espacio público, cuestiones urbanísticas, organización de servicios, movilidad, juventud, etc.
  • Presupuestos participativos, donde se definen acciones y se asigna un presupuesto para su implementación, con diversas variantes:
    • Recogida de propuestas abierta a toda la ciudadanía, a las que hay que asignar un presupuesto durante un período determinado de tiempo (anual, bianual, trianual) para atender las acciones propuestas por la ciudadanía. Técnicamente, el proceso es: 1. Recogida de propuestas, 2. Presentación presencial de las propuestas ya estructuradas, 3. Votación presencial y online para priorizar y 4. Implementación.
      • Una variación del anterior procedimiento puede que desde el gobierno local se proponga un número limitado de posibles acciones para implementar -con su correspondiente presupuesto comprometido y plazo de ejecución- y que sea la ciudadanía quien las priorice. Técnicamente, el proceso es: 1. Presentación de las propuestas estructuradas, 2. Votación presencial y online 3. Implementación.
  • Elaboración de escenarios de futuro, donde se crea y comparte una cierta idea colectiva sobre el futuro de la ciudad o el territorio, bien sea de manera integral definiendo horizontes, bien sea de manera sectorial (educación, medio ambiente, sectores productivos, etc.). Aquí las técnicas pueden ser muy diversas: elaboración del mapa de actores, identificación de informantes clave, entrevistas, establecimiento de mesas sectoriales de debate, grupos focales, elaboración de planes de acción.
  • Posibilidad de hacer llegar propuestas de actuación concretas en la agenda local, que son asumidas por el gobierno local. Hay que organizar una «Asamblea Abierta» o similar, donde los vecinos y las entidades pueden hacer propuestas. Hace falta un mecanismo de selección y priorización antes de entrar en la agenda local para ser implementadas.
  • Referéndums o consultas ciudadanas para orientar o determinar la acción pública en una determinada cuestión del municipio. Normalmente, suelen ser cuestiones de elevado impacto local y de trascendencia más allá de un mandato: la construcción de un gran equipamiento (un puerto, por ejemplo), la construcción de nuevos viales (por ejemplo, la variante de una carretera), la construcción de un gran equipamiento (por ejemplo, un teatro o un gran centro comercial), etc. Habitualmente no se comprometen a inversiones.

 

Ahora bien, más allá de estas técnicas de participación ciudadana, cabe decir que las buenas prácticas en esta materia pasan por incorporar instancias de participación permanentes en el diseño de las políticas públicas y también en su implementación.

Desde U·Trans nos creemos los procesos de participación y apostamos por crear las condiciones óptimas para generar políticas públicas después de preguntar, votar, consultar y priorizar. Y nos preocupamos para pasar del papel a la acción.

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