Como hemos visto anteriormente, bajo el paraguas del desarrollo local podemos encontrar las políticas de la administración local encaminadas a reactivar y dinamizar la economía de territorios concretos, fomentando el crecimiento económico, el empleo y la calidad de vida. Las denominadas monedas sociales o monedas locales serían un ejemplo?

¿Qué es una moneda social?

Una moneda social es una herramienta creada y utilizada por una comunidad, generalmente de ámbito local, a fin de poder facilitar intercambios tanto de productos como de servicios y conocimientos. Según la definición de Bernard Liater, se basa de un acuerdo entre una comunidad de utilizar algo determinado como medio de intercambio. Es por ello que también son conocidas con el nombre de monedas locales.

Otro término que las identifica es el de monedas complementarias, ya que suelen pretender complementar las deficiencias del dinero legal con sus propias ventajas como dinamizadoras del comercio de proximidad, del autoempleo y de la optimización de los recursos locales. Es importante destacar que en términos legales no se trata de monedas stricto sensu equiparables a las divisas tradicionales.

Como argumenta el profesor de los estudios de Economía y Empresa de la UOC August Corrons, la diferencia con la moneda tradicional radica en sus funciones. El dinero clásico tiene tres funciones: sirve como unidad de intercambio, para valorar el precio de las cosas y para acumular riqueza. Las monedas sociales, en cambio, sólo cumplen con las dos primeras funciones. A diferencia de la convencional, la moneda social se crea a través de una actividad real, de un trabajo ya realizado -ya sea la producción de un bien o la prestación de un servicio- y no a través del crédito, es decir, de deuda. No genera intereses y, por tanto, no tiene sentido ahorrar. Su objetivo, pues, es que el dinero vaya de la mano de la producción y no de la especulación.

Aunque se hayan popularizado durante los últimos años, las primeras monedas sociales surgen de la Crisis de los Años 30. El primer caso fue el WIR, que fue creada por una cooperativa de PYMES en Zúrich en 1934. Ochenta y dos años después, la iniciativa cuenta con 60.000 empresas adheridas. El caso más conocido, sin embargo, es la ciudad británica de Bristol, que puso en marcha una moneda local el año 2012, el Bristol Pound, que se ha convertido en una alternativa real a la moneda oficial, a través de la cual los usuarios pueden pagar los impuestos, salarios y la factura de la electricidad.

A menudo las monedas sociales van ligadas a otras iniciativas en economía social y solidaria. En este sentido, un proyecto que va aún más allá, a caballo también con la economía circular, es WASTED, en Amsterdam (Holanda), que incentiva el reciclaje de residuos por parte de los vecinos, a los que se premia con una moneda virtual a partir de la cual se pueden obtener descuentos en los comercios de barrio. Con los residuos se crean objetos para la comunidad.

Les monedas sociales en Cataluña

En el caso de Cataluña, primero surgieron varias iniciativas desde la sociedad civil y posteriormente los gobiernos locales las han impulsado como iniciativa de desarrollo local. Actualmente en Cataluña existen 26 experiencias de este tipo. De hecho, Cataluña acogió a mediados de mayo de 2017 la IV Conferencia Internacional de Monedas Sociales y Complementarias: Dinero, Conciencia y Valores para el Cambio Social, organizada por la UOC.

En el primer caso tenemos la Ecoxarxa, una iniciativa impulsada en 2009 desde el punto de vista de la economía social y solidaria. También la Turuta, una moneda local creada con fines similares en Vilanova y la Geltrú en 2010, sería otro ejemplo. El Wall Street Journal se hizo eco en un artículo de 2012 donde analizaba el alcance de estas iniciativas en España.

A partir de estas iniciativas algunos ayuntamientos han optado por impulsar monedas locales en sus municipios. El caso pionero (y el único) en Cataluña es Santa Coloma de Gramenet, donde el Ayuntamiento puso en marcha la Grama a principios de año. El objetivo es aumentar el impacto del gasto público (subvenciones, salarios, compra a proveedores) en el comercio local e incrementar la circulación del dinero entre los comercios de Santa Coloma.

La iniciativa es financiada por la Unión Europea a través del programa Digipay4Growth, presupuestada en 3 millones de euros. También están previstas actuaciones similares en el Berguedà y en la ciudad de Barcelona.

Todas estas iniciativas funcionan a través de unidades virtuales. Es decir, de sistemas de pago a través de dispositivos móviles, que permiten efectuar la transacción a aquellos comercios del municipio que libremente se adhieran a sendas iniciativas a través de una aplicación móvil que también cumple con funciones informativas. El tipo de cambio es equivalente al del euro (1 € = 1 turuta, 1 grama …), que el usuario puede cambiar libremente también a través de la App. En los casos en que el sistema es puesto en marcha y gestionado por el municipio, como en Santa Coloma de Gramenet, los trabajadores municipales pueden optar a cobrar parte de su sueldo en moneda local.


Realmente tienen utilidad?

No hay acuerdo entre los economistas sobre la utilidad de las monedas locales o sociales. En todo caso, recopilamos argumentos a favor y en contra:

A favor:

– Permiten dinamizar la economía de territorios concretos. El caso de la Grama, en Santa Coloma, es paradigmático. Se usa la moneda local para fomentar el comercio local y evitar que el dinero que se generan en el municipio se gaste en grandes superficies fuera de la ciudad. Según esta lógica, si los colomenses gastan más dinero en Santa Coloma, se creará más empleo en la ciudad.
– Se pueden ofrecer ventajas y descuentos especiales a aquellos consumidores del área para que gasten su dinero en la ciudad. Es una manera de segmentar el mercado.
– Permiten el pago online, a través de dispositivos móviles, adaptándose a la digitalización de la moneda y evitando el fraude.

En contra:

– Algunos economistas los descartan ningún tipo de recorrido más allá de un uso puntual y concreto.
– En plena globalización, cuando se habla de construir uniones monetarias, crear nuevos sistemas de pago es ir contracorriente.
– La inquietud que puede generar entre los funcionarios cobrar parte de su sueldo en una moneda que sólo podrán gastar en la ciudad, si bien hasta ahora siempre se ha planteado como una medida totalmente opcional.

En todo caso, es cierto que iniciativas como las monedas locales o sociales permiten promover el desarrollo económico local, si se saben manejar bien y se presentan acompañadas de otros beneficios e incentivos para que los ciudadanos de un área determinada les salga más a cuenta comprar cerca de casa. En este sentido, pueden servir como estrategias de colaboración público-privada para dinamizar las economías locales, aún más si es el Ayuntamiento quien adopta un rol proactivo.

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