Las políticas de promoción económica son, desde hace décadas, una de las prioridades de los gobiernos locales. Os proponemos una breve reflexión sobre cuáles son los inputs que inspiran estas políticas públicas para el desarrollo económico local (DEL)  y su eventual necesidad de actualizarlos.

El diagnóstico

Bajo el paraguas del desarrollo económico local podemos situar todas aquellas políticas públicas que tienen como finalidad favorecer la reactivación de la economía y la dinamización de las sociedades locales y que, mediante el aprovechamiento de los recursos endógenos existentes en un territorio determinado y la cooperación público-privada, es capaz de estimular y fomentar el crecimiento económico, creando empleo a fin de mejorar la calidad de vida y el bienestar social de las poblaciones locales. Esta es la definición clásica (Mateo Hernando, Emmarcament teòric i conceptual del desenvolupament local i la promoció econòmica).

Así, resumiendo, sus tres grandes objetivos serían:
• Diversificar la actividad económica de una ciudad o territorio
• Crear empleo
• Mejorar la calidad de vida y el bienestar de los ciudadanos

Basándose en el principio de autonomía local, las administraciones empezaron a impulsar este tipo de políticas para afrontar los efectos de la crisis económica de finales de los años setenta del siglo XX. Si bien estas políticas no disponen de una financiación garantizado por ley, ya que son políticas asumidas de manera voluntaria por las administraciones locales, tradicionalmente ha sido la Unión Europea quien ha financiado su desarrollo.

Así, por ejemplo, la Estrategia para la Especialización Inteligente (RIS3) de la Unión Europea pone especial énfasis en el desarrollo local, como ya hemos visto en artículos anteriores. Algunos de los instrumentos de la Estrategia de Especialización Inteligente de Cataluña son las Comunidades RIS3CAT y respetando, los Proyectos de Especialización y Competitividad Territorial, donde los gobiernos locales tienen un claro protagonismo.

Un poco de historia

Las políticas de promoción económica local comenzaron creando suelo para la actividad económica, suelo industrial, los famosos polígonos. Se trataba de facilitar el aterrizaje de nuevas empresas ante los potentes cambios estructurales de finales del siglo XX. Pero, ¿y los municipios sin posibilidad de desarrollar suelo industrial? ¿Y los municipios marcadamente turísticos? ¿Y las grandes ciudades que no querían las grandes fábricas de antaño? Por estas y otras razones también se empezaron a desarrollar políticas de formación para las personas sin trabajo, intentando favorecer su recalificación profesional para que estas tuvieran mayores posibilidades de encontrar trabajo.

Posteriormente, el foco osciló también hacia las empresas y se empezaron a impulsar las conocidas incubadoras de empresas, al tiempo que se empezaba a dialogar con la empresa como partner en varias iniciativas locales. El tradicional divorcio administración-empresa empezaba a solventarse.

GRÁFICO | Evolución del epicentro de las políticas de promoción económica des de los años 1980.

 

El paradigma imperante

La tónica general de las políticas de desarrollo económico local hace hincapié en la persona desde sus inicios. La Administración «debe ayudar» a quien no tiene trabajo o al que quiere crear una empresa. La génesis de las diferentes políticas públicas en desarrollo económico local es el «asistencialismo». Del mismo modo que hay que atender a una persona enferma, también hay que atender quien no tiene trabajo o quien quiere establecerse por su cuenta.

Durante todo este tiempo la administración local ha desarrollado un rol de carácter reactivo, a menudo cayendo en estrategias formativas y de asesoramiento que empoderan poco a las personas para que lleven a cabo sus propios proyectos vitales y se doten de capacidades para emprenderlos. En este sentido, la formación a las personas sin trabajo es la política pública estrella de la promoción económica local, pero realmente garantizan su inserción laboral?

Si bien a lo largo de los años en centro de interés ha ido incluyendo también la empresa, aún hoy el peso de la acción pública en desarrollo económico local recae en la persona en situación de desempleo. Barcelona Activa, la agencia de DEL de la capital catalana que cuenta con una sólida reputación internacional, aún hoy (junio de 2017) practica esta política: formación para los que no tienen trabajo.

Así, la administración local juega un rol secundario, prestando apoyo a personas y empresas, pero sin implicarse de forma activa en el quid de la cuestión. ¿Podrían tener los gobiernos locales un rol más activo en la dinamización económica? No es también el Ayuntamiento un agente económico?

Además, generalmente las políticas de desarrollo económico local no han ido acompañadas de una visión transversal ni de una coordinación entre las diferentes áreas de gobierno de la administración local. Si los programas fueran diseñados e implementados de forma conjunta, su impacto sería más elevado. También existen otras dificultades en el actual paradigma que pueden situar las políticas de DEL en un callejón sin salida:

  • Las dificultades para financiar proyectos de desarrollo económico local a largo plazo, sobre todo dado a causas burocráticas.
  • La falta de sincronía en el lenguaje y los tempos entre el sector público y el privado
  • Formación y orientación laboral orientada exclusivamente a los colectivos de ciudadanos con más dificultades de inserción laboral

Nuevos tiempos, nuevas políticas de desarrollo económico local

Ayuntamientos, Consejos Comarcales, Diputaciones, Agencias y Consorcios harían bien en repensar algunas de sus funciones. También deberían repensar algunos órganos del Gobierno Catalán como el Servei d’Ocupació de Catalunya, el gran financiador de políticas y figuras profesionales en el desarrollo económico local que ya son caducas y poco funcionales. La financiación que viene de Europa en materia de DEL es una buena oportunidad que hay que saber aprovechar.

El paradigma debe cambiar: de asistir a la persona que no tiene trabajo, la Administración debe pasar a pensarse como un agente de dinamización de las economías locales, dejando atrás el rol subsidiario. Esto no quiere decir que haya que dejar de hacer cursos de formación para personas desempleadas y para colectivos en riesgo de exclusión social. Quiere decir que hay que hacer algo más. A modo de ejemplo, algunas de las líneas de trabajo con las que habría que empezar a trabajar serían, entre otros:

  • La articulación de la Cuádruple Hélice en los territorios
  • El desarrollo de las industrias culturales
  • La proyección internacional
  • La articulación de la especialización productiva del territorio
  • La colaboración público-privada como estrategia de intervención
  • Las estrategias locales en política fiscal y de incentivos
  • El fomento de la emprendeduría en el sistema educativo
  • La clusterización del sistema educativo con el ecosistema productivo
  • La incorporación de la «S» de social en el impulso de las smart cities

 

Desde U·TRANS colaboramos con varios gobiernos locales que han entendido la necesidad de un planteamiento proactivo en DEL.

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