Las organizaciones sin ánimo de lucro son una realidad muy presente en las sociedades occidentales, a pesar de que su impacto social queda difuminado porque su actividad y resultados no suelen ser noticia, y los medios de comunicación no les dan prioridad. Siempre son más conocidas las acciones y los impactos de las grandes empresas -la bolsa, los beneficios empresariales, el empleo- o de los gobiernos -el presupuesto, las normativas, las obras públicas- que los de estas organizaciones.

Entre el ámbito de la empresa y el ámbito del estado, parece que a las organizaciones sin ánimo de lucro les cuesta comunicar la razón que justifica su existencia, y quizás también por eso la sociedad las identifica de diversas formas: organizaciones no gubernamentales, sociedad civil o tercer sector. Precisamente, la denominación «Tercer Sector» define las entidades que no han sido creadas por una administración pública y que no buscan lucrarse con su actividad, en contraposición al sector de la empresa privada (que por definición se rige por criterios mercantiles) y en el sector público (que, a pesar de no tener ánimo de lucrarse, ha sido impulsado por alguna administración pública).

Lo más importante de una ONG es su misión. Esto lo debe condicionar todo. Más aún cuando en los últimos años las ONG han tenido que entrar de lleno en la profesionalización de sus tareas precisamente para alcanzar su misión social: hay que incorporar personal profesional, además del voluntario, para garantizar el impacto de la organización de forma continuada, ya sea ofreciendo servicios abiertos a la población, captando fondos de financiación, creando conciencia social y/o sensibilizando en torno a una cuestión determinada o bien desarrollando acciones de lobby ante los decisores públicos para provocar cambios legales.

Los ámbitos de trabajo de las ONG son muy diversos: atención a la población en riesgo de exclusión social, generación de oportunidades de inserción social y laboral de los colectivos más vulnerables, acompañamiento en la infancia y adolescencia, grupos de apoyo mutuo a personas con enfermedades o familiares, promoción y oferta de educación en actividades de tiempo libre, atención y seguimiento de las necesidades sociales básicas, cooperación internacional y desarrollo, defensa de los derechos y libertades, etc.

Lo que hace radicalmente diferente una ONG es el hecho de que no ofrece un bien o un servicio concreto para justificar su existencia. El producto final de las ONG son seres humanos diferentes ya que estas organizaciones son artífices de un cambio en las personas, destinatarias últimas de su acción. Todas ellas irrumpen de forma significativa en individuos y colectivos, acompañándolos en sus esfuerzos para redirigir o reorientar su proyecto vital. Por esta razón, lo que eventualmente podríamos definir como «producto» de una de estas ONG podría ser un paciente que convive con su enfermedad y es partícipe de grupos de apoyo mutuo, un niño que ha aprendido, un joven que no toma el camino de la exclusión social, una persona adulta que se respeta a sí misma, un anciano bien atendido al que se escucha para tomar decisiones con criterio o una persona en paro que consigue encontrar trabajo y / o comienza a formarse en un nuevo oficio. Todos estos casos habrán tenido éxito, gracias a la intervención de una ONG, creando una vida humana diferente. Así, la implicación personal de los profesionales y los voluntarios de las ONG se vive con mucha intensidad, y es algo que hay que saber gestionar.

Uno de los retos que hay que abordar desde el ámbito más institucional de estas ONGs es la comunicación de su impacto, que siempre irá en función de su organización, la gestión de la misma y la capacidad de captar fondos.

Factores que intervienen en la comunicación del impacto de las ONG

 

Estos son los pilares que permiten alcanzar la misión de la ONG y por eso es necesario que su personal profesional, sus voluntarios y su personal directivo trabaje de forma alineada y, muy importante, con una adecuada política de comunicación externa.

En un mundo de recursos escasos y de demandas sociales crecientes, las ONG más innovadoras buscan apoyos externos -en comunicación, en modelos de gestión, en rediseño organizativo, en modelos de captación de fondos- para poder concentrarse en su misión y generar el máximo impacto. U·TRANS ha detectado esta necesidad y ya está colaborando en varios proyectos para dar respuesta a estos retos del Tercer Sector.

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