En los últimos años se ha popularizado el concepto ‘Smart City’ para definir un horizonte de eficiencia y optimización de los procesos de gestión urbana mediante las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) para afrontar los principales retos sociales, políticos, económicos y medioambientales derivados del fenómeno urbano.

Gartner define la ciudad inteligente como aquella zona urbanizada donde los distintos sectores, público y privado, cooperan para alcanzar resultados sostenibles mediante el análisis de información contextual en tiempo real compartida entre los varios sistemas de información y operación de los distintos sectores (Fuente: Garner – Smart Cities Definition, 2015).

La iniciativa privada: la Smart City Expo World Congress

La ciudad de Barcelona pretende posicionarse como líder en esta área, por ejemplo, acogiendo el Smart City Expo World Congress expertos de reputación mundial. En la edición del pasado mes de noviembre contó con más de 70 empresas de nueva creación en los campos de la eficiencia energética y las ciudades inteligentes, así como más de 500 ciudades del mundo, incluidos nombres como Nueva York, Tel Aviv o Viena, que mostraron cómo quieren ser en el futuro y qué acciones se llevan a cabo con el fin de llegar. Esta implementación se basa principalmente en tecnologías móviles. Según las palabras del director del Congreso, Ugo Valentí: «los teléfonos inteligentes le permiten, por ejemplo, circular en Bicing (servicio público de bicicletas impulsado por el Ayuntamiento de Barcelona) y saber qué estaciones están llenos y que están vacías, o evitar hacer vueltas para encontrar aparcamiento. Todas estas aplicaciones hacer una ciudad más eficiente y más sostenible «. «Creo que el mejor invento para las ciudades inteligentes es el móvil,» destaca.

La Conferencia se estructuró en varias áreas (gobierno, movilidad, sociedad, sostenibilidad, tecnología e innovación, startups – 4YFN- y economía circular). Además, en el marco del mismo Congreso fue organizado el BcnRail Congress -especializado en movilidad inteligente- y el Rural Smart Grids Congress – poniendo el énfasis en el equilibrio territorial-. Podéis ver las principales intervenciones en esta lista de Youtube.

La iniciativa pública: SmartCat

El Gobierno catalán ha puesto en marcha la estrategia SmartCAT para implementar proyectos de ciudades inteligentes y hacer de Cataluña una smart region. Estas acciones se agrupan bajo el paraguas de la Estrategia Europea de Crecimiento 2020.

La estrategia pone hincapié en que la aplicación de este tipo de soluciones está limitada en el ámbito local, y de que a menudo se trata de pruebas piloto sin continuidad temporal, iniciativas aisladas aplicadas sin una visión holística. El documento destaca como principales barreras la poca adaptabilidad de las estructuras de gobierno local, la poca coordinación intermunicipal y la falta de un liderazgo político claro en esta área. A partir de aquí se proponen soluciones a nivel de estructura para afrontar el reto, y se citan ejemplos en las diferentes áreas temáticas de acción (desarrollo económico, educación y cultura, sostenibilidad, administración, mantenimiento de espacio público, movilidad, seguridad y participación ciudadana, entre otros), recogiendo también potenciales mecanismos de financiación, como los programas europeos y la colaboración público-privada).

Origen

Inicialmente, el proyecto de Smart City se define, principalmente, por las estrategias de presión (lobbying) de las empresas tecnológicas para vender soluciones a las administraciones locales. A partir de aquí surgen voces que apuntan que este proceso no debería venir tan sólo impulsado por las tech companies, sino también por la ciudadanía, identificando sus necesidades y demandas sociales a fin de que la tecnología se ponga al servicio de las personas. En palabras de Genís Roca (Roca Salvatella Consultors), «las ciudades ya no quieren ser sólo smart sino innovadoras, poniendo el foco en la ciudadanía y no en los ingenieros». Se trata, pues, de una filosofía más participativa, basada en la participación ciudadana como paradigma. El reto pasa por transformar un tech company led process en un social demands led process, y es ahí donde la Administración debe jugar un papel clave como dinamizadora del proceso de demanda y participación.

Este cambio de paradigma, de la Ciudad Inteligente a la Ciudad Innovadora, jamás debería plantearse en términos de conflicto, sino como una oportunidad para ambos actores, un win/win entre empresas tecnológicas y la ciudadanía. En definitiva, un proceso de concertación entre oferta y demanda. Y, sobre todo, como una oportunidad en términos de ciudad para crear marca y erigirse como referente internacional para exportar soluciones de este tipo. En este sentido, no tan sólo es necesario atraer las grandes multinacionales tecnológicas sino también dar pie a iniciativas de emprendimiento incorporando unba visión social, que pueden traducirse en puestos de trabajo, aprovechando nuevas áreas de actividad económica como el Big Data y el Open Data, convirtiendo las ciudades catalanas en city labs para este tipo de procesos de transformación social.

El camino está marcado, y poner esta cuestión en la agenda de ciudad puede ser clave para posicionarse como ciudad innovadora y mejorar la vida de las personas.

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