El mundo de la educación terciaria o superior ha estado tradicionalmente separado entre la formación profesional y la formación universitaria. Es más, en términos generales no hay conciencia de que la formación profesional también pueda ser educación superior, y se percibe que la formación universitaria está «por encima» y tiene más prestigio social que la formación profesional.

Un análisis comparado en profundidad de diversos sistemas educativos a nivel internacional, desde España hasta Australia, pondría de relieve que los diferentes sistemas nacionales de cualificaciones profesionales otorgan a la formación universitaria una posición superior en relación a las cualificaciones profesionales en términos de profundización y extensión de los conocimientos adquiridos. Ahora bien, la pregunta es: y el mercado de trabajo, ¿qué es lo que más valora? Aquí, la respuesta ya no es tan clara.

Podemos empezar a abordar esta cuestión centrándonos en la calidad del centro docente, lo que quiere decir poner a disposición del estudiante toda la información y la orientación profesional. Es un hecho bastante común que los individuos no escojan su formación de acuerdo con las demandas del mercado de trabajo. A menudo hemos oído quejas de empresarios que no pueden cubrir los perfiles profesionales de sus empresas a la vez que hay un montón de jóvenes en situación de desempleo o que ni trabajan ni estudian. Para asignar recursos humanos dentro del mercado de trabajo tenemos el sistema de formación profesional y el sistema universitario. ¿Cuál de los dos es más eficiente?

En relación al mercado de trabajo, la formación profesional conlleva:

  • una formación orientada a un perfil profesional específico que el mercado de trabajo está demandando
  • una inserción laboral más rápida y directa, dado que el proceso formativo ya está claramente orientado a cubrir unos determinados perfiles profesionales que, en principio, el mercado está demandando
  • una posibilidad real de poder continuar formándose tanto dentro del sistema de formación profesional como accediendo a la formación universitaria, en una perspectiva de formación a lo largo de la vida
  • unos requisitos de entrada con un nivel de exigencia moderada
  • una oferta formativa amplia y en expansión, que da respuesta a todos los sectores de actividad económica

Mientras que la formación en grados universitarios conlleva:

  • una formación de tipo académico, amplia y de carácter básico en un campo del conocimiento, que sirve como fundamento para el aprendizaje posterior en el lugar de trabajo
  • unos conocimientos de carácter generalista que, junto con la larga duración de los grados universitarios, hace que la persona tenga, en principio, más recursos para ir afrontando los sucesivos cambios en la esfera profesional a lo largo de la vida
  • un periodo de transición largo (2-4 años) en el mundo laboral hasta llegar a ser plenamente competente en un lugar de trabajo y que tal vez requerirá de una nueva formación más específica, siendo ésta una cuestión polémica
  • unos requisitos de entrada cada vez más exigentes
  • una oferta formativa amplia pero no necesariamente relacionada con los sectores de actividad económica

En definitiva, la importancia de la educación terciaria en relación a la vida laboral se encuentra en el tipo de competencias. En los grados universitarios las competencias profesionales que se aprenden son más genéricas y por tanto más versátiles, mientras que en el ámbito de la formación profesional las competencias son más específicas en relación al puesto de trabajo que se ocupará en el primer empleo, ya dentro del mundo laboral.  Las competencias específicas del puesto de trabajo que debe ocupar un graduado universitario las conoce mejor quien lo contratará que a la propia Universidad, mientras que en el ámbito de la formación profesional, esta diferencia no es, en principio, tan marcada.

Adicionalmente, la formación profesional es el camino más directo para acceder a un trabajo bien retribuido, para reorientar la actividad profesional y para adentrarse en la educación superior en el caso de las personas adultas. También hay que mencionar que la formación profesional está siendo impulsada por los gobiernos, lo que ha aumentado su prestigio social aunque todavía está lejos de la atracción que tienen los grados universitarios entre la mayoría de grupos sociales.

En definitiva, no hay ninguna razón para mantener separados de manera simbólica y / o real los dos sistemas de formación que permiten que las personas accedan al mercado de trabajo y obtengan una retribución para ir cumpliendo sus planes de vida. Tampoco hay ninguna ley que obligue a mantenerlos separados. En este sentido, existe de hace unos años un movimiento que quiere acercar, en el nivel superior, la formación profesional y la formación universitaria. Este acercamiento tiene las siguientes ventajas:

  • visualiza ante el estudiante y ante la sociedad que dentro de un único centro de formación se puede tener acceso a ambas ofertas formativas, con la que se difumina la visión de que una está «por encima» de la otra
  • permite aprovechar mejor las posibilidades de establecer itinerarios formativos que permitan la alternancia entre formación y trabajo a lo largo de la vida, es decir, la necesaria recalificación profesional
  • visualiza ante las empresas que en un único centro formativo tienen más posibilidades de encontrar todos los perfiles profesionales que el mercado de trabajo está pidiendo

¿Hay alguna institución educativa que esté caminando decididamente en esta dirección, es decir, que esté haciendo bien las cosas? Podemos citar el caso de la Universidad de Vic – Universidad Central de Cataluña, que está apostando por ofrecer formación profesional y haciéndolo en asociación con el mundo de la empresa. Otro caso sería la University of Vocational Technology, una institución fundada en 2008.

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