Hablar de emprendimiento está de moda, hasta el punto de que las instituciones educativas y las administraciones públicas han hecho suyo este concepto y son los principales valedores. Es un discurso que va más allá de lo que cabría pensar que son sus ámbitos de referencia, como por ejemplo los círculos empresariales o las escuelas de negocio. Su mirada es en clave positiva sobre el hecho de emprender y el apoyo que merecen estas personas. Es un discurso socialmente dominante y, por tanto, genera interés y los medios de comunicación se hacen eco.

Las administraciones públicas también apuestan por este discurso y, a pesar de algunas voces críticas, lo cierto es que todos los municipios del país publicitan sus servicios de apoyo a la emprendeduría y que crean puestos de trabajo ocupados por personal técnico especializado que apoya a quien quiera emprender.

 

¿Porque es un discurso dominante?

Hoy por hoy, puede cuestionarse como se está haciendo el apoyo al emprendimiento, pero no encontramos ningún responsable público ni ninguna persona de referencia que niegue la importancia de emprender. Este hecho es un reflejo de los cambios que se están produciendo en el sistema productivo, en cómo se organiza y en la manera de trabajar. De hecho, hoy las empresas tienen dificultades para firmar contratos fijos con sus trabajadores y trabajadoras, ya nadie piensa en entrar a trabajar a una empresa “para toda la vida” como pasaba en la época de nuestros abuelos y hay que estar formándose continuamente y reciclándose profesionalmente para no perder el trabajo. Sólo los puestos de trabajo de baja cualificación profesional escapan a esta presión -aunque tienen otras, como por ejemplo la automatización-. Este contexto tiene causas que indican una gran complejidad y, de hecho, desde finales del siglo pasado, autores como Manuel Castells, Peter Drucker, Richard Sennett, Saskia Sassen, Richard Florida, Kenichi Ohmae o Henry Chesbrough -entre muchos otros- ya han tratado las causas de fondo que crean este nuevo marco.

En este contexto, el autoempleo es una alternativa que aparece con fuerza: crea tu propio puesto de trabajo, pone en marcha tu empresa, inventa tu negocio. Y aún más allá: toma las riendas de tu propio destino, reinvéntate y controla tu futuro, capacítate y apodérate porque puedes conseguir lo que te propongas, etc. Esta podría ser una pequeña muestra de cómo se habla de la emprendeduría en los medios de comunicación y también de las conversaciones que sentimos en la calle.

 

¿Cuál es apoyo que efectivamente se presta a el/la emprendedor/a?

Podemos hacer el ejercicio de entrar en la web de cualquier ayuntamiento de una ciudad media del país, y veremos que hay una gran homogeneización en la tipología de servicios que se ofrecen:

  • Apoyo a los trámites administrativos para la creación de una empresa
  • Formación: cómo crear tu empresa, como consolidarla, cómo hacer el plan de empresa y evaluar su viabilidad
  • Orientación legal sobre posibles fórmulas jurídicas
  • Servicio de reempresa, para la transmisión empresarial
  • Fiscalidad y financiación

En general, los servicios ofrecidos están especialmente orientados a quien quiere empezar una actividad empresarial, profesional o artística por cuenta propia o bien repensar su negocio hacia una nueva oportunidad laboral. Se quiere ofrecer un acompañamiento personalizado, formación para mejorar las competencias para emprender ya menudo también la posibilidad de establecer una red de contactos entre empresas y profesionales de un sector o territorio. También es digno de mención el portal Xarxa Emprèn, el portal del Gobierno Catalán que aporta recursos de apoyo al emprendimiento. De manera complementaria, en algunos servicios de apoyo a la emprendeduría se ofrece formación en creatividad colaborando con centro docentes y también se organizan premios y reconocimientos y / o se ofrecen espacios físicos donde acoger el inicio de la actividad (incubadoras, viveros de empresa y -últimamente- espacios de co-working).

A partir de nuestra experiencia de colaboración con este tipo de organizaciones, creemos que con estos servicios se llega -sobre todo- a personas de mediana edad que tienen que cambiar de trabajo (por cambio de residencia, por voluntad de cambiar en su trayectoria profesional, entre otros) y personas mayores de 50 años que se han quedado sin trabajo. Ahora bien, es evidente que con estos servicios es más difícil llegar a un público más joven, nativo digital y autodidacta, multimedia y multicanal, a perfiles sociales reconocidos como millenials y que demandan soluciones inmediatas en la obtención de resultados y que emprenden sin la necesidad de apoyarse en estos servicios que podríamos calificar de tradicionales.

Para terminar esta valoración, hay que decir que también se observan unos métodos de formación tradicionales, temáticamente centrados en la elaboración del plan de empresa y que no existe -en términos generales- la voluntad de salir a buscar el/la emprendedor/a, sino que opta de facto para esperar a que una persona con dificultades se acerque a las oficinas municipales de apoyo a la emprendeduría. Este servicio de apoyo difícilmente se conceptualiza desde la pro actividad de los y las técnicas que los encabezan. Y desde U·TRANS nos preguntamos: ¿por donde pasan los cambios? ¿En qué dirección repensar los servicios de apoyo a la emprendeduría? ¿Qué aportar desde el servicio público a la persona emprendedora del siglo XXI?

¿Cómo podemos afinar más y ser más efectivos?

Entre otras medidas, debería realizarse una evaluación de los resultados que se han obtenidos en los últimos años en el fomento de la emprendeduría, pero para ir teniendo más impacto del que ya sospechamos que estamos teniendo ahora, sería necesario:

  • Implementar nuevos métodos pedagógicos y formativos para formar el/la emprendedor/a
  • Buscar alianzas y colaboraciones con centros docentes y entidades que trabajen con jóvenes en la educación no formal, co-diseñando fórmulas imaginativas para favorecer la adquisición de actitudes emprendedoras
  • Hay que asumir que el emprendimiento es una actitud, no una acumulación de conocimiento que se aplicarán, y esta visión debe condicionar la manera de trabajar de los y las profesionales que apoyan a el/la emprendedor/a
  • Comunicar mejor
  • Monitorizar las últimas tendencias en apoyo al emprendimiento que se detecten a nivel internacional y aplicándolas
  • Actuar con un rol facilitador, trabajando para crear contextos en los que los diferentes actores en el proceso de emprender puedan desarrollar su máximo potencial colaborando entre ellos: actos con emprendedores/as de referencia, jornadas con empresas consolidadas que necesitan incorporar talento, entre otros

Es fundamental trabajar de manera transversal las actitudes de los y las profesionales que trabajan en los servicios de emprendimiento: sin una actitud positiva y alineada con las necesidades de la organización, ningún cambio hacia la mejora es posible. ¿Cuáles serían estas actitudes?

  • Capacidad para inventar su trabajo en el día a día, hay que ser creativos/as. Hay que obtener unos resultados que fijará la organización, pero el/la profesional que trabaja en la oficina de apoyo a la emprendeduría debe tener un elevado margen de discrecionalidad para hacer su trabajo
  • Actitud de escucha activa y de detección de las necesidades de las personas usuarias de los servicios de apoyo a la emprendeduría, adaptando la cartera de servicios estandarizada cuando sea necesario para así ir aportando valor y especialización territorial
  • Salir de los despachos y ir a buscar las alianzas con empresas, centros docentes y entidades del Tercer Sector para crear entornos colaborativos en lo que sea más fácil emprender

En definitiva, estas orientaciones pueden ser consideradas como guías para el cambio o reformulación de los servicios de emprendimiento de cualquier entidad pública. Con independencia de si estamos hablando de una ciudad de 8.000, 15.000 o de más de 50.000 habitantes, estos aprendizajes pueden ser adaptados con más o menos intensidad, y requerirán de un plan de trabajo que -muy especialmente- deberá incidir en la actitud en la manera de trabajar de los y las profesionales de las oficinas de soporte al emprendimiento para llegar a nuevos públicos y prestar un mejor servicio.

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