En el libro “Triumph of the City. How urban spaces make us humans”, publicado en 2011, Edward Glaeser se pregunta: ¿por qué, cada vez más, los seres humanos preferimos vivir en ciudades? La respuesta clave que encuentra se basa en la densidad urbana que, según su tesis, proporciona el camino más claro de la pobreza a la prosperidad. La nueva edad de Oro de las ciudades, pues, está al caer.

A diferencia de los siglos XIX y XX, sin embargo, esta nueva revolución urbana tiene lugar sin un proceso de industrialización, y se basa en un factor clave, la producción de ideas. Y es que la interacción humana se ve reforzada en la ciudad, que se convierte en una nueva ágora donde los ciudadanos se agrupan y reúnen físicamente para producir y consumir gracias a una mayor proximidad física.

Glaeser define la ciudad como la ausencia de espacio físico entre las personas y empresas. Más específicamente, entre personas y organizaciones. El hecho es que la proximidad se ha vuelto aún más valiosa, incluso en el momento en el que el coste de las conexiones de larga distancia ha disminuido gracias a los cambios tecnológicos. Según el autor, «las ciudades han crecido ya que el cambio tecnológico ha incrementado el retorno del conocimiento, que se produce más intensamente cuando las personas que están en proximidad de otras personas». Es más, la razón por la que las empresas aceptan los elevados costes de trabajo y el suelo urbano de las ciudades es porque producen ventajas en la productividad que fácilmente compensan este gasto o, mejor dicho, inversión.

Siguiendo las tesis de Richard Florida, Glaeser corrobora también que las ciudades juegan un rol aún más claro como nodo de enlace entre las culturas y los mercados a través de la concentración de talento y la aglomeración de empresas y ciudadanos cualificados. Así, las ciudades crean su capacidad de innovación a través de la diseminación del conocimiento.

En efecto, la llegada de la sociedad del conocimiento no ha hecho más que consolidar la importancia de las grandes urbes. No existe una liga que valore cuáles son las ciudades más competitivas, pero sí es cierto que de manera inevitable han surgido algunos rankings. Un ejemplo es the fDi Strategy Awards del Financial Times. Podemos encontrar ejemplos de ciudades que nos sirven como referentes tales como Barcelona, ​​Ámsterdam, Edimburgo, Manchester, Nottingham, Chicago, Londres, Eindhoven y Tel Aviv.

Desde U·Trans somos conscientes de que ciudades y regiones son el referente físico de los nodos de la sociedad del conocimiento. Son el espacio donde convergen e interaccionan la producción, la creatividad, la generación de conocimiento, la formulación de las necesidades y las soluciones más innovadoras. Así pues, es necesario que ciudades y regiones adopten esta perspectiva cuando discutimos sobre su futuro para posicionarse a nivel global.

 

Deja una respuesta